Acusar a otro participante de actuar de mala fe durante una conversación de grupo no integra automáticamente el delito de difamación. La distinción entre injuria y difamación —y el papel del derecho a la crítica— cambian por completo el marco de las responsabilidades.

Según la orientación consolidada del Tribunal Supremo italiano (Casación), cuando la persona destinataria de la ofensa está presente en la conversación y tiene la posibilidad de leer directamente el mensaje, no se habla de difamación sino, a lo sumo, de injuria agravada por la presencia de varias personas.

Este aspecto es relevante porque, tras la despenalización introducida por el Decreto Legislativo italiano 7/2016, la injuria ya no constituye delito, pero sigue siendo un ilícito civil que, en cualquier caso, puede dar lugar a una solicitud de indemnización por daños.

El límite del derecho a la crítica

No obstante, conviene dar un paso más: no todo lo que se dice en un chat puede justificarse como ejercicio del derecho a la crítica. Atribuir a alguien una conducta de mala fe no equivale a expresar una simple opinión, sino que significa formular una afirmación precisa sobre un comportamiento, que debería estar respaldada por elementos concretos.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo italiano (Casación) ha aclarado que el derecho a la crítica encuentra un límite en el respeto a la continencia y a la verdad de los hechos: cuando se rebasa esta frontera y se entra en la invectiva personal o en la acusación gratuita, la expresión puede resultar lesiva del honor y de la reputación.

En sustancia, si falta una base fáctica y la afirmación se traduce en un ataque personal, se abre la vía a una responsabilidad civil, incluso significativa, con posibles consecuencias indemnizatorias.

Abogado A. Cervesato — 2026